martes, 26 de octubre de 2010
¿Sueñan los líderes políticos (y sindicales) con ovejas votantes?
Publicado en El Transversal el 19 de octubre de 2010
El Presidente del Gobierno ha dicho que no siente haber traicionado sus principios con la reforma laboral. Es muy importante lo que sienta un presidente. Casi más que lo que piense. Porque lo que se piensa pertenece al ámbito de la razón, en el que uno se equivoca o acierta, dice la verdad o miente, aporta conocimiento o desinformación. Pero el sentimiento es otra cosa. Pertenece a lo íntimo, a lo que se dice uno por la noche justo antes de apagar la lamparilla. El Sr. Rodríguez Zapatero es muy generoso con la ciudadanía y comparte con frecuencia sus sentimientos. No es el único, claro. Todo el nacionalismo está construido sobre cimientos sentimentales. Y el discurso nacionalista, hasta en la sopa, ha cundido, se ha hecho popular (no sé si me siguen), ubicuo, imperante.
Sí, los sentimientos de un presidente de gobierno son - en España y a día de hoy - al menos tan relevantes como sus pensamientos. De lo que el Presidente pueda sostener razonadamente no conviene sacar demasiadas conclusiones. En la Moncloa no canta el gallo; se sabe que el día ha comenzado porque el gobierno ha modificado una política. ¿O será al revés? Podría ocurrir que el primer rayo de sol sea para el ejecutivo la luz que le señala un nuevo camino, distinto del de ayer. Probablemente conocerán la historia de aquel granjero que dio por hecho que el canto del gallo provocaba la salida del sol. La razón es lo que tiene: que es falible. ¿Y los sentimientos? Los sentimientos no fallan. Simplemente cambian. No tiene sentido juzgar un sentimiento como racional o irracional. Se siente lo que se siente. Si, por ejemplo, yo me siento socialista, nada puede cambiar este hecho, ni siquiera mis actos. ¿Que abandono mis posturas económicas tan enfáticamente defendidas y adopto las contrarias? Eso no tiene importancia, porque no siento haber traicionado mis principios. Si mis principios pudieran hablar seguro que les dirían que no se sienten traicionados.
El sentimentalismo se ha convertido en el caldo en el que chapotean la mayor parte de los partidos políticos, muchas administraciones públicas y un buen número de organizaciones sociales. Observen al líder sindical Toxo, que califica de "gran putada” la huelga general que él mismo ha convocado. Qué tormenta emotiva no se habrá desatado en la conciencia de este hombre para expresarse con tanta crudeza en horario infantil. Uno solo puede observar con angustia a estos personajes que se debaten entre sentimiento y razón, entre querer y poder. La vida pública española está alcanzando el dramatismo del mejor (peor) culebrón que imaginar podamos.
Por otra parte, algo huele a podrido en todo esto. La razón y las emociones no están tan separadas. Nuestro cerebro no es tan estanco como a veces se nos ha hecho creer. Al respecto, les recomiendo El error de Descartes, del eminente neurólogo Antonio Damasio. Sin emociones, el razonamiento funciona de forma defectuosa. Cuando observamos argumentos inconexos y errores lógicos, no podemos descartar que estemos ante gente sin emociones. Cuando un gobierno vuelve su política económica del revés sin reconocer que la anterior era equivocada, o cuando un sindicato convoca una huelga aún a sabiendas de que perjudica a mucha gente, ¿es posible que estemos contemplando una emotividad irremediablemente dañada? Podría ser, pero no sería justo darlo por hecho. Hay otra posibilidad: que presidente y sindicalista no estén siendo del todo sinceros sobre sus sentimientos, sobre sus razones o sobre ambos.
Veamos, ¿cómo es posible que un líder político, que además es el Presidente del Gobierno, cambie de un día para otro su política económica? Se dice que, ante la inminente suspensión de pagos del Reino de España y la presión de los más destacados líderes mundiales, Zapatero no tenía alternativa. La verdad es que siempre hay alternativa. Por ejemplo: no hacer nada, suspender pagos y esperar a que Europa venga a rescatarnos - ya había un precedente: Grecia - mientras nos hundimos en un populismo demagógico que acusa a los mercados y elude cualquier responsabilidad. En mi opinión, si no se eligió esta alternativa fue por la certeza de que el Gobierno y el PSOE quedarían agonizantes. La presión ciudadana sería de tal magnitud que el ejecutivo no tendría más salida que la convocatoria de elecciones, sabiendo que las perderían. Visto el panorama, toca salvar los muebles, arriar las velas y rezar a San Pablo (Iglesias). De un día para otro se hace lo que se juró que nunca se haría. Está claro que habrá un coste, pero es calderilla electoral comparada con la otra posibilidad. A partir de aquí se trata de recuperar el nunca perdido contacto con los nacionalistas y sobre todo de no dar ninguna explicación creíble a semejante cambio.
Entre las pérdidas con efectos electorales está el apoyo de los sindicatos, tan importante para Zapatero. Imaginen a Méndez y Toxo bailando el pasodoble de la política social al son de la orquesta gubernamental, y que así, sin avisar, se encuentran con que lo que suena ahora son unas sevillanas. Claro, podrían ponerse como locos a buscar los vestidos de gitana y las castañuelas, pero hay gente mirando. Su gente, sobre todo. A la que han dicho desde hace años que las sevillanas son de pijos. Nada de bailes de señoritos: nosotros el pasodoble, tan popular. Méndez y Toxo se encuentran con un dilema: quieren bailar lo que les ponga la orquesta, porque son amigos suyos y porque si no bailan podría llegar otra orquesta diferente que lo mismo no les gusta tanto. Por otra parte, adoptar ahora la estética de los Cantores de Hispalis podría llevar a su gente a preguntarse quiénes son esos fulanos que les mandan. Y no duden de que entre el público hay más de uno con ganas de levantarse y gritarles: ¡largaos a la feria en vuestras jacas, señoritos! De modo que no es posible. Si quieren seguir marcando el paso a los demás, no les queda otra que protestar por el cambio de música y llamar a todo el mundo a que pare. Una gran putada, sin duda, entre otras cosas porque si el llamamiento no sale bien y la gente sigue a lo suyo - lo que parece probable - van a quedar como unos líderes más bien flojos, y esos que están entre su público deseando sustituirles no van a dejar pasar la ocasión.
Este es el cuento. Antes del colorín colorado, toca hacerse una pregunta: ¿dónde están los ciudadanos? Hemos visto muchos líderes (ya saben, gente que manda). Hemos visto poderes ejecutivos, partidos políticos, organizaciones sindicales. Incluso hemos visto votantes. Pero un votante no es un ciudadano (el derecho al voto es sólo una dimensión de la ciudadanía). ¿En qué momento de las decisiones que se toman se tiene en cuenta a la gente, a sus necesidades y deseos? Los partidos tradicionales se dirigen sólo a votantes: lo único que cuenta es qué papeleta meten en el sobre; sus motivos, sus razones, el hecho de que lo hagan con toda la información o engañados es indiferente. ¿Tienen emociones y sentimientos nuestros políticos? Sin duda. El problema es que sólo parecen variar en función de los sondeos. No hay más objetivo que la victoria electoral. La clase política (y otras clases, como la sindical) parece hoy en día un ejército de replicantes. Sería ciencia ficción imaginarlos rebelándose contra su naturaleza, como los de Blade Runner, y explicando sus posturas y decisiones en función de unos principios sostenidos racionalmente.
El Presidente del Gobierno ha dicho que no siente haber traicionado sus principios con la reforma laboral. Es muy importante lo que sienta un presidente. Casi más que lo que piense. Porque lo que se piensa pertenece al ámbito de la razón, en el que uno se equivoca o acierta, dice la verdad o miente, aporta conocimiento o desinformación. Pero el sentimiento es otra cosa. Pertenece a lo íntimo, a lo que se dice uno por la noche justo antes de apagar la lamparilla. El Sr. Rodríguez Zapatero es muy generoso con la ciudadanía y comparte con frecuencia sus sentimientos. No es el único, claro. Todo el nacionalismo está construido sobre cimientos sentimentales. Y el discurso nacionalista, hasta en la sopa, ha cundido, se ha hecho popular (no sé si me siguen), ubicuo, imperante.
Sí, los sentimientos de un presidente de gobierno son - en España y a día de hoy - al menos tan relevantes como sus pensamientos. De lo que el Presidente pueda sostener razonadamente no conviene sacar demasiadas conclusiones. En la Moncloa no canta el gallo; se sabe que el día ha comenzado porque el gobierno ha modificado una política. ¿O será al revés? Podría ocurrir que el primer rayo de sol sea para el ejecutivo la luz que le señala un nuevo camino, distinto del de ayer. Probablemente conocerán la historia de aquel granjero que dio por hecho que el canto del gallo provocaba la salida del sol. La razón es lo que tiene: que es falible. ¿Y los sentimientos? Los sentimientos no fallan. Simplemente cambian. No tiene sentido juzgar un sentimiento como racional o irracional. Se siente lo que se siente. Si, por ejemplo, yo me siento socialista, nada puede cambiar este hecho, ni siquiera mis actos. ¿Que abandono mis posturas económicas tan enfáticamente defendidas y adopto las contrarias? Eso no tiene importancia, porque no siento haber traicionado mis principios. Si mis principios pudieran hablar seguro que les dirían que no se sienten traicionados.
El sentimentalismo se ha convertido en el caldo en el que chapotean la mayor parte de los partidos políticos, muchas administraciones públicas y un buen número de organizaciones sociales. Observen al líder sindical Toxo, que califica de "gran putada” la huelga general que él mismo ha convocado. Qué tormenta emotiva no se habrá desatado en la conciencia de este hombre para expresarse con tanta crudeza en horario infantil. Uno solo puede observar con angustia a estos personajes que se debaten entre sentimiento y razón, entre querer y poder. La vida pública española está alcanzando el dramatismo del mejor (peor) culebrón que imaginar podamos.
Por otra parte, algo huele a podrido en todo esto. La razón y las emociones no están tan separadas. Nuestro cerebro no es tan estanco como a veces se nos ha hecho creer. Al respecto, les recomiendo El error de Descartes, del eminente neurólogo Antonio Damasio. Sin emociones, el razonamiento funciona de forma defectuosa. Cuando observamos argumentos inconexos y errores lógicos, no podemos descartar que estemos ante gente sin emociones. Cuando un gobierno vuelve su política económica del revés sin reconocer que la anterior era equivocada, o cuando un sindicato convoca una huelga aún a sabiendas de que perjudica a mucha gente, ¿es posible que estemos contemplando una emotividad irremediablemente dañada? Podría ser, pero no sería justo darlo por hecho. Hay otra posibilidad: que presidente y sindicalista no estén siendo del todo sinceros sobre sus sentimientos, sobre sus razones o sobre ambos.
Veamos, ¿cómo es posible que un líder político, que además es el Presidente del Gobierno, cambie de un día para otro su política económica? Se dice que, ante la inminente suspensión de pagos del Reino de España y la presión de los más destacados líderes mundiales, Zapatero no tenía alternativa. La verdad es que siempre hay alternativa. Por ejemplo: no hacer nada, suspender pagos y esperar a que Europa venga a rescatarnos - ya había un precedente: Grecia - mientras nos hundimos en un populismo demagógico que acusa a los mercados y elude cualquier responsabilidad. En mi opinión, si no se eligió esta alternativa fue por la certeza de que el Gobierno y el PSOE quedarían agonizantes. La presión ciudadana sería de tal magnitud que el ejecutivo no tendría más salida que la convocatoria de elecciones, sabiendo que las perderían. Visto el panorama, toca salvar los muebles, arriar las velas y rezar a San Pablo (Iglesias). De un día para otro se hace lo que se juró que nunca se haría. Está claro que habrá un coste, pero es calderilla electoral comparada con la otra posibilidad. A partir de aquí se trata de recuperar el nunca perdido contacto con los nacionalistas y sobre todo de no dar ninguna explicación creíble a semejante cambio.
Entre las pérdidas con efectos electorales está el apoyo de los sindicatos, tan importante para Zapatero. Imaginen a Méndez y Toxo bailando el pasodoble de la política social al son de la orquesta gubernamental, y que así, sin avisar, se encuentran con que lo que suena ahora son unas sevillanas. Claro, podrían ponerse como locos a buscar los vestidos de gitana y las castañuelas, pero hay gente mirando. Su gente, sobre todo. A la que han dicho desde hace años que las sevillanas son de pijos. Nada de bailes de señoritos: nosotros el pasodoble, tan popular. Méndez y Toxo se encuentran con un dilema: quieren bailar lo que les ponga la orquesta, porque son amigos suyos y porque si no bailan podría llegar otra orquesta diferente que lo mismo no les gusta tanto. Por otra parte, adoptar ahora la estética de los Cantores de Hispalis podría llevar a su gente a preguntarse quiénes son esos fulanos que les mandan. Y no duden de que entre el público hay más de uno con ganas de levantarse y gritarles: ¡largaos a la feria en vuestras jacas, señoritos! De modo que no es posible. Si quieren seguir marcando el paso a los demás, no les queda otra que protestar por el cambio de música y llamar a todo el mundo a que pare. Una gran putada, sin duda, entre otras cosas porque si el llamamiento no sale bien y la gente sigue a lo suyo - lo que parece probable - van a quedar como unos líderes más bien flojos, y esos que están entre su público deseando sustituirles no van a dejar pasar la ocasión.
Este es el cuento. Antes del colorín colorado, toca hacerse una pregunta: ¿dónde están los ciudadanos? Hemos visto muchos líderes (ya saben, gente que manda). Hemos visto poderes ejecutivos, partidos políticos, organizaciones sindicales. Incluso hemos visto votantes. Pero un votante no es un ciudadano (el derecho al voto es sólo una dimensión de la ciudadanía). ¿En qué momento de las decisiones que se toman se tiene en cuenta a la gente, a sus necesidades y deseos? Los partidos tradicionales se dirigen sólo a votantes: lo único que cuenta es qué papeleta meten en el sobre; sus motivos, sus razones, el hecho de que lo hagan con toda la información o engañados es indiferente. ¿Tienen emociones y sentimientos nuestros políticos? Sin duda. El problema es que sólo parecen variar en función de los sondeos. No hay más objetivo que la victoria electoral. La clase política (y otras clases, como la sindical) parece hoy en día un ejército de replicantes. Sería ciencia ficción imaginarlos rebelándose contra su naturaleza, como los de Blade Runner, y explicando sus posturas y decisiones en función de unos principios sostenidos racionalmente.
sábado, 13 de junio de 2009
En el bar ya no se habla de fútbol, sino del retorno de las inversiones en el mercado chino
La polvareda levantada por Florentino se me ha metido enterita en los ojos. Me pica la mojigatería de los que se preguntan "cómo se puede pagar ese dinero por una persona", como si esto tuviera algo que ver con alguna persona. Para colmo van y lo vinculan con la crisis. Me pregunto si Lucía Méndez rebusca en los cubos de basura y si no cobra un sueldo.
Me irritan los que nos explican que es una jugada maestra, que en realidad es una inversión rentable de inmediato, ya saben, por las camisetas que se venden y los derehcos de imagen (sean lo que sean). Me parto con las camisetas. Me pregunto: si es tan fácil, ¿por qué sólo lo hace Floren? ¿Por qué no llega ahora Berlusconi y paga 120 kilos por Messi? No, mejor aún: ya que Floren está pillado, ¿por qué el resto de los clubes no fichan a periodistas deportivos como presidentes? Al fin y al cabo, ellos son los segundos en darse cuenta de cuán fácil es.
Me escuece Cristiano Ronaldo. Ojo, que no digo que no sea el mejor futbolista del mundo. Es posible. Pero es que no me gusta nada. Y sé que no estoy solo. Nosotros, que vimos a Zidane.
Me harta el fútbol. Me harta la frase "es negocio antes que deporte". Me hartan los chinos. Por lo visto el hecho de que ahora millones de chinos (aunque no se sabe cuántos millones) vean fútbol, ha inclinado más la balanza hacia el lado del negocio. Si de verdad hay una balanza, nosotros, los consumidores, estamos en un platillo junto con los chinos. Y en el otro nadie alcanza a ver lo que hay. Dicen que unos tipos en pantalón corto, pero con tanto jaleo todo se ve muy borroso.
También se me clavan en el cristalino las metáforas: parece ser que el Madrid de Florentino será una superproducción. Y el Barça de esta año qué es: ¿cine de autor?
Ahora veo que Lucía Méndez tiene razón, esto de CR tiene todo que ver con la crisis. Pero no de la forma en que ella cree. El problema son las metáforas y las explicaciones. Viene uno con nueva palabrería y todo el mundo le cree. "Superproducciones". "Vender camisetas". "Mercado global". Y al final uno se siente un poco tonto, como si pensara de una forma antigua, como si le faltara un MBA, cuando se pregunta si a Kaká, a CR y a Villa el balón se lo va a tener que pasar Gago o Guti H. Lo peor de Florentino no es que sea rico, ni que se gaste dinero en estos tiempos de crisis (yo me acabo de comer un helado que no necesitaba para sobrevivir). Lo peor es que está empeñado en que en el bar no se hable de mediocentros, ni de entrar por las bandas, sino de vender camisetas, de retornos de inversiones y de las masas de chinos sedientas de madridismo.
Me irritan los que nos explican que es una jugada maestra, que en realidad es una inversión rentable de inmediato, ya saben, por las camisetas que se venden y los derehcos de imagen (sean lo que sean). Me parto con las camisetas. Me pregunto: si es tan fácil, ¿por qué sólo lo hace Floren? ¿Por qué no llega ahora Berlusconi y paga 120 kilos por Messi? No, mejor aún: ya que Floren está pillado, ¿por qué el resto de los clubes no fichan a periodistas deportivos como presidentes? Al fin y al cabo, ellos son los segundos en darse cuenta de cuán fácil es.
Me escuece Cristiano Ronaldo. Ojo, que no digo que no sea el mejor futbolista del mundo. Es posible. Pero es que no me gusta nada. Y sé que no estoy solo. Nosotros, que vimos a Zidane.
Me harta el fútbol. Me harta la frase "es negocio antes que deporte". Me hartan los chinos. Por lo visto el hecho de que ahora millones de chinos (aunque no se sabe cuántos millones) vean fútbol, ha inclinado más la balanza hacia el lado del negocio. Si de verdad hay una balanza, nosotros, los consumidores, estamos en un platillo junto con los chinos. Y en el otro nadie alcanza a ver lo que hay. Dicen que unos tipos en pantalón corto, pero con tanto jaleo todo se ve muy borroso.
También se me clavan en el cristalino las metáforas: parece ser que el Madrid de Florentino será una superproducción. Y el Barça de esta año qué es: ¿cine de autor?
Ahora veo que Lucía Méndez tiene razón, esto de CR tiene todo que ver con la crisis. Pero no de la forma en que ella cree. El problema son las metáforas y las explicaciones. Viene uno con nueva palabrería y todo el mundo le cree. "Superproducciones". "Vender camisetas". "Mercado global". Y al final uno se siente un poco tonto, como si pensara de una forma antigua, como si le faltara un MBA, cuando se pregunta si a Kaká, a CR y a Villa el balón se lo va a tener que pasar Gago o Guti H. Lo peor de Florentino no es que sea rico, ni que se gaste dinero en estos tiempos de crisis (yo me acabo de comer un helado que no necesitaba para sobrevivir). Lo peor es que está empeñado en que en el bar no se hable de mediocentros, ni de entrar por las bandas, sino de vender camisetas, de retornos de inversiones y de las masas de chinos sedientas de madridismo.
domingo, 7 de junio de 2009
Europeos
Los resultados son buenos. Muy buenos. Y totalmente insuficientes. Nada va a cambiar después de esto. Por lo menos en los próximos meses.
Evidenemente UPyD es más conocida y hemos conseguido bastantes más votos con mucha menos participación. Ahora mismo nos dan un 2,86% de participación, y si no recuerdo mal en las generales estuvimos por el 1,3%. O sea, más del doble.
En Madrid el resultado es espectacular: un 6% de los votos, muy por delante de IU.
Me he pasado todo el día con un mal pálpito. El único sondeo que se ha hecho, uno de la COPE, nos daba apenas el 1,7%, lo que no nos garantizaba el escaño. Francamente, lo he visto muy crudo. Al final, bien.
Pero qué difícil es. Qué duro. Es posible que la militancia me ciegue, pero de verdad que no puedo entender que existiendo una opción como UPyD - sin sobreestimarla, considerémosla simplemente como normalita - todavía haya tanta gente que vota a los hunos y a los hotros. Y tanta gente que no vota.
Creo que el primer gran objetivo de UPyD debería ser romper el statu quo. Pajín lo ha dicho hoy en su comparecencia sobre los resultados - en general tan delirante como siempre, pero en esto totalmente acertada -: los resultados del 7-J muestran de nuevo una situación de equilibrio entre los dos grandes partidos. Así, el electorado "se inclina a favor de uno u otro en función de circunstancias coyunturales" y "esta circunstancia se repite en cada proceso electoral"
Lo primero que se me ocurre es si dentro de esas circunstancias coyunturales incluye el atentado del 11-M. Pero aparte de eso, el hecho de que lo mencione significa que les preocupa, que están atentos. El cortijo tiene dos dueños y sólo hay que gestionar una coyuntura. Con esto es con lo que hay que acabar, en mi opinión.
En fin, habrá que conformarse, incluso estar contentos, y esperar que el gran salto se produzca en las próximas. Hay que ser decisivos. Hay que condicionar el gobierno y hay que dirigir el debate adonde tiene que estar.
Habrá que seguir con ello.
Evidenemente UPyD es más conocida y hemos conseguido bastantes más votos con mucha menos participación. Ahora mismo nos dan un 2,86% de participación, y si no recuerdo mal en las generales estuvimos por el 1,3%. O sea, más del doble.
En Madrid el resultado es espectacular: un 6% de los votos, muy por delante de IU.
Me he pasado todo el día con un mal pálpito. El único sondeo que se ha hecho, uno de la COPE, nos daba apenas el 1,7%, lo que no nos garantizaba el escaño. Francamente, lo he visto muy crudo. Al final, bien.
Pero qué difícil es. Qué duro. Es posible que la militancia me ciegue, pero de verdad que no puedo entender que existiendo una opción como UPyD - sin sobreestimarla, considerémosla simplemente como normalita - todavía haya tanta gente que vota a los hunos y a los hotros. Y tanta gente que no vota.
Creo que el primer gran objetivo de UPyD debería ser romper el statu quo. Pajín lo ha dicho hoy en su comparecencia sobre los resultados - en general tan delirante como siempre, pero en esto totalmente acertada -: los resultados del 7-J muestran de nuevo una situación de equilibrio entre los dos grandes partidos. Así, el electorado "se inclina a favor de uno u otro en función de circunstancias coyunturales" y "esta circunstancia se repite en cada proceso electoral"
Lo primero que se me ocurre es si dentro de esas circunstancias coyunturales incluye el atentado del 11-M. Pero aparte de eso, el hecho de que lo mencione significa que les preocupa, que están atentos. El cortijo tiene dos dueños y sólo hay que gestionar una coyuntura. Con esto es con lo que hay que acabar, en mi opinión.
En fin, habrá que conformarse, incluso estar contentos, y esperar que el gran salto se produzca en las próximas. Hay que ser decisivos. Hay que condicionar el gobierno y hay que dirigir el debate adonde tiene que estar.
Habrá que seguir con ello.
jueves, 28 de mayo de 2009
Como decíamos
Como decíamos (a partir de ahora escribiré en plural mayestático), tengo la intención de actualizar este blog semanalmente. Casi dos meses después de la primera, aquí llega la segunda entrada.
Ayer ganó el Barça. Pero ganó de verdad. No se puede ganar más, no se puede ganar mejor. Yo (perdón, nos), madridista renegado, creía que me alegraría su victoria. (Nota: ya paso del plural mayestático, cansa mucho; para que luego digan que ser rey es fácil) Mas no. No me alegro. Tampoco estoy rabioso, ni envidioso. Estoy ligeramente entristecido. El motivo es que he visto lo que el fútbol es capaz de ofrecer. Todo es mejorable, etc, pero yo nunca había visto algo como lo del Barça este año. Me han enseñado el cielo y - como por otra parte cabía esperar - se parece demasiado a la tierra.
En fin, queda confirmado: el fútbol es una mierda, y sólo se sotiene por el forofismo. Ver cómo lo borda un equipo que no es el tuyo es como descubrir que tu mujer se ha convertido en la amante perfecta, pero eso sí, de otro. Uno puede encontrarle un cierto placer estético al observar sus evoluciones desde el armario entreabierto, o incluso sentirse orgulloso de que su esposa haya asimilado tan bien las lecciones que uno le impartió con infinita paciencia. Pero el orgasmo se lo está llevando puesto el butanero.
Ayer ganó el Barça. Pero ganó de verdad. No se puede ganar más, no se puede ganar mejor. Yo (perdón, nos), madridista renegado, creía que me alegraría su victoria. (Nota: ya paso del plural mayestático, cansa mucho; para que luego digan que ser rey es fácil) Mas no. No me alegro. Tampoco estoy rabioso, ni envidioso. Estoy ligeramente entristecido. El motivo es que he visto lo que el fútbol es capaz de ofrecer. Todo es mejorable, etc, pero yo nunca había visto algo como lo del Barça este año. Me han enseñado el cielo y - como por otra parte cabía esperar - se parece demasiado a la tierra.
En fin, queda confirmado: el fútbol es una mierda, y sólo se sotiene por el forofismo. Ver cómo lo borda un equipo que no es el tuyo es como descubrir que tu mujer se ha convertido en la amante perfecta, pero eso sí, de otro. Uno puede encontrarle un cierto placer estético al observar sus evoluciones desde el armario entreabierto, o incluso sentirse orgulloso de que su esposa haya asimilado tan bien las lecciones que uno le impartió con infinita paciencia. Pero el orgasmo se lo está llevando puesto el butanero.
martes, 7 de abril de 2009
Buenas tardes
Yo les daré un pronóstico para el invierno: será largo, será frío y durará toda la vida.
Bill Murray (El día de la marmota)
Buenas tardes. No soporto que me hablen de la crisis. Me deprime y me quita el apetito. He perdido cuatro kilos. Los pantalones me quedan grandes. Mis ojeras se ahondan. Me enfado con Guti. No tiene sentido.
Soy un firme defensor de la realidad. Es el único sitio donde puedes comerte un buen cocido. Detesto el relativismo tipo Lionel_Hutz : la verdad, pero qué es la verdad y ustedes ya me entienden. No comprendo que la gente sea optimista o pesimista cuando puede limitarse a ser realista. Creo que el autoengaño es una fuerza poderosa al estilo del reverso tenebroso: nadie está libre y puede llevar al más pintado a la perdición.
A día de hoy cualquiera te explica la crisis. En el trabajo, por supuesto, pero también en el supermercado, en el bar de la esquina, en el autobús o en la comida dominical con los cuñados. Todo el mundo te la explica y todo el mundo aporta nuevos casos, nuevos detalles, un ángulo más oscuro. Si hay más de dos personas en la conversación, inevitablemente se genera una escalada en el pesimismo. Nadie se reserva un dato negativo o un caso truculento. Pero detecto que, en general, la gente no se agobia. No deja de ser conversación ligera, como si se hablara de fútbol. En un tiempo récord ha aparecido un nuevo y completo repertorio de tópicos. Por supuesto no están sólo en la calle, sino también en los medios.
A un tipo tan templado y maduro como yo, esto no debería afectarle. Es el mundo, es la vida. Mozo, otra cerveza. Vuelve la primavera, llega la Semana Santa, el Madrid cae en octavos. Hacemos planes para el verano, para el fin de semana, para la cena. A mi alrededor sigue la misma gente, el mismo paisaje. No debería afectarme. Pero mire usté, me afecta. ¿Es la incertidumbre? ¿Es la perspectiva de un cambio profundo? ¿Es la revelación de que las cosas no son como yo creía? ¿Es el miedo al fracaso? ¿Es que soy el único que se siente así? ¿El único que tiene la sensación de ser un subprime?
Lo reconozco, soy un subprime. Me vendí por más de lo que valía. Pero amigos, no estoy solo. A estas horas se está produciendo una crisis de gobierno. A un ejecutivo subprime le va a sustituir otro más subprime aún. Pero meterse con el gobierno es muy fácil. Miremos al PP. Le afloran los corruptos como activos tóxicos. Vayamos más lejos: mi partido, UPyD, se abstiene en la votación de Arantza Quiroga como presidenta del parlamento vasco. A ver si vamos a ser un poco subprime también. El Real Madrid lleva cinco años en quiebra futbolística. Estaba sobrevalorado porque había aprovechado el suicidio del Barcelona en las dos últimas ligas. Somos los Lehman Brothers del fútbol europeo. No hay español que no tenga un familiar (como poco en tercer grado) con un crédito por pagar y un solar por construir. El socio fundador de los Legionarios de Cristo tuvo un hijo ilegítimo. Las burbujas estallan a nuestro alrededor, en este mundo sutil, ingrávido y gentil.
Sí, el mundo ha resultado un sitio mucho más subprime de lo que pensábamos. ¿Qué hacer? No tengo ni idea, pero algo me dice que hay que cambiar. Detesto ser vago, pero es que estoy en crisis. No sé nada. Espero estar en proceso de saber. La idea es aceptar la crisis como algo inevitable, y en cierto modo, constante. Cuando más estable parece la realidad, es cuando se está fraguando la próxima crisis. Por supuesto, no hablo de economía. En política, hace tiempo que me di cuenta de que no existe una solución. El mejor sistema es el que mejor se adapta a los cambios, el que mejor articula la realidad de las cosas, y el peor el que pretende amoldar la realidad a un patrón idealizado. En fútbol, el mejor entrenador no es el que inventa un sistema infalible y pone a los jugadores a su servicio, sino el que acepta la plantilla que tiene y diseña el sistema que mejor se adapta a ella. En el póker, el perdedor es el que pretende deducir las cartas que van a salir a partir de las que salieron en manos anteriores. Ah, el póker, cómo lo echo de menos. El principal reto del jugador de póker es aceptar que sus cartas no van a ser las mejores de la mesa sólo porque él es él. Parece fácil, pero es muy difícil. Lo que trato de decir - generalizando sin compasión - es que no sabemos por dónde nos va a venir la próxima crisis, y que más nos vale ser flexibles.
Escribir me ayuda a ver las cosas de otro modo. Escribiendo me he dado cuenta de que pensaba cosas que ni siquiera pensaba que pensaba. Actualizaré este blog semanalmente (al menos) con lo que se me vaya ocurriendo. Tratará de mis modestas cositas: política, religión, lieteratura, epistemología, baloncesto. En fin, de lo que sea. Si os apetece podéis leerlo de vez en cuando. De hecho lo escribo para que alguien lo lea, pero que nadie se sienta presionado. Si queréis colaborar podéis hacerlo en los comentarios o mandándome por email lo que queráis que se publique, y así se hará.
Saludados.
Bill Murray (El día de la marmota)
Buenas tardes. No soporto que me hablen de la crisis. Me deprime y me quita el apetito. He perdido cuatro kilos. Los pantalones me quedan grandes. Mis ojeras se ahondan. Me enfado con Guti. No tiene sentido.
Soy un firme defensor de la realidad. Es el único sitio donde puedes comerte un buen cocido. Detesto el relativismo tipo Lionel_Hutz : la verdad, pero qué es la verdad y ustedes ya me entienden. No comprendo que la gente sea optimista o pesimista cuando puede limitarse a ser realista. Creo que el autoengaño es una fuerza poderosa al estilo del reverso tenebroso: nadie está libre y puede llevar al más pintado a la perdición.
A día de hoy cualquiera te explica la crisis. En el trabajo, por supuesto, pero también en el supermercado, en el bar de la esquina, en el autobús o en la comida dominical con los cuñados. Todo el mundo te la explica y todo el mundo aporta nuevos casos, nuevos detalles, un ángulo más oscuro. Si hay más de dos personas en la conversación, inevitablemente se genera una escalada en el pesimismo. Nadie se reserva un dato negativo o un caso truculento. Pero detecto que, en general, la gente no se agobia. No deja de ser conversación ligera, como si se hablara de fútbol. En un tiempo récord ha aparecido un nuevo y completo repertorio de tópicos. Por supuesto no están sólo en la calle, sino también en los medios.
A un tipo tan templado y maduro como yo, esto no debería afectarle. Es el mundo, es la vida. Mozo, otra cerveza. Vuelve la primavera, llega la Semana Santa, el Madrid cae en octavos. Hacemos planes para el verano, para el fin de semana, para la cena. A mi alrededor sigue la misma gente, el mismo paisaje. No debería afectarme. Pero mire usté, me afecta. ¿Es la incertidumbre? ¿Es la perspectiva de un cambio profundo? ¿Es la revelación de que las cosas no son como yo creía? ¿Es el miedo al fracaso? ¿Es que soy el único que se siente así? ¿El único que tiene la sensación de ser un subprime?
Lo reconozco, soy un subprime. Me vendí por más de lo que valía. Pero amigos, no estoy solo. A estas horas se está produciendo una crisis de gobierno. A un ejecutivo subprime le va a sustituir otro más subprime aún. Pero meterse con el gobierno es muy fácil. Miremos al PP. Le afloran los corruptos como activos tóxicos. Vayamos más lejos: mi partido, UPyD, se abstiene en la votación de Arantza Quiroga como presidenta del parlamento vasco. A ver si vamos a ser un poco subprime también. El Real Madrid lleva cinco años en quiebra futbolística. Estaba sobrevalorado porque había aprovechado el suicidio del Barcelona en las dos últimas ligas. Somos los Lehman Brothers del fútbol europeo. No hay español que no tenga un familiar (como poco en tercer grado) con un crédito por pagar y un solar por construir. El socio fundador de los Legionarios de Cristo tuvo un hijo ilegítimo. Las burbujas estallan a nuestro alrededor, en este mundo sutil, ingrávido y gentil.
Sí, el mundo ha resultado un sitio mucho más subprime de lo que pensábamos. ¿Qué hacer? No tengo ni idea, pero algo me dice que hay que cambiar. Detesto ser vago, pero es que estoy en crisis. No sé nada. Espero estar en proceso de saber. La idea es aceptar la crisis como algo inevitable, y en cierto modo, constante. Cuando más estable parece la realidad, es cuando se está fraguando la próxima crisis. Por supuesto, no hablo de economía. En política, hace tiempo que me di cuenta de que no existe una solución. El mejor sistema es el que mejor se adapta a los cambios, el que mejor articula la realidad de las cosas, y el peor el que pretende amoldar la realidad a un patrón idealizado. En fútbol, el mejor entrenador no es el que inventa un sistema infalible y pone a los jugadores a su servicio, sino el que acepta la plantilla que tiene y diseña el sistema que mejor se adapta a ella. En el póker, el perdedor es el que pretende deducir las cartas que van a salir a partir de las que salieron en manos anteriores. Ah, el póker, cómo lo echo de menos. El principal reto del jugador de póker es aceptar que sus cartas no van a ser las mejores de la mesa sólo porque él es él. Parece fácil, pero es muy difícil. Lo que trato de decir - generalizando sin compasión - es que no sabemos por dónde nos va a venir la próxima crisis, y que más nos vale ser flexibles.
Escribir me ayuda a ver las cosas de otro modo. Escribiendo me he dado cuenta de que pensaba cosas que ni siquiera pensaba que pensaba. Actualizaré este blog semanalmente (al menos) con lo que se me vaya ocurriendo. Tratará de mis modestas cositas: política, religión, lieteratura, epistemología, baloncesto. En fin, de lo que sea. Si os apetece podéis leerlo de vez en cuando. De hecho lo escribo para que alguien lo lea, pero que nadie se sienta presionado. Si queréis colaborar podéis hacerlo en los comentarios o mandándome por email lo que queráis que se publique, y así se hará.
Saludados.
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